¡¡¡¡ESE GORDO NO SALÍA EN EL CUENTO!!!!

En casa de cualquier castizo que se precie se ha mencionado esta frase en más de una ocasión, refiriéndonos al gordo de barba blanca que con vestimenta roja y botas negras trae regalos a los niños la mañana de navidad.
Y es que en la casa de cualquier castizo que se precie, no hay espacio para Papa Noel, aquí somos todos de Reyes Magos y no hay espacio para gordos que vengan a colarse en nuestras ancestrales tradiciones.
El gordaco este al que todos conocemos, es una mitificación prostituida de la figura de San Nicolás de Bari. Este santo que era bueno y piadoso como todos (es algo que se lleva con el cargo), tenía la peculiaridad de que era rico por penitencia, de alta cuna, al fallecer sus padres se le vino encima una herencia nada desdeñable. San Nicolás decidió una noche que lo mejor que podía hacer con su herencia era repartirla entre los que más lo necesitaban, y ni corto ni perezoso, cogió todos los calcetines que le habían caído por reyes y se subió por las azoteas, tirando por la chimeneas de los más necesitados, calcetines repletos de monedas de oro. De ahí el principio de la tradición que aunque tiene algún símbolo mantenido en el tiempo, poco tiene que ver con lo que nos ha llegado a nuestros días.
Pero si poco o nada tiene que ver San Nicolás con Santa Claus, no digamos de la Navidad, sí señores, mal que nos pese, la navidad, que es cuna indiscutible de nuestras tradiciones, no es más que una serie de tradiciones tomadas como prestadas sin ningún tipo de escrúpulo.
Para explicarlo un poco nos tendríamos que retomar a los tiempos del emperador Constantino, que fue el que dio vía libre al cristianismo para que sea lo que hoy conocemos. Constantino era muy fan, pero que muy muy fan del Mitraismo, una religión de la que escribió sus bases el profeta persa ZaraZushtra mucho tiempo antes (y que poco tiene que ver con Amancio Ortega), por lo que cuando se montó el concilio de Nicea, que para los que no lo conozcan fue una especie de convención PP-PSOE en la que los más importante y corrupto de la época, decidieron que molaba y que no de la nueva religión a la que se le daba forma. Como os decía Constantino era muy fan del Mitraismo, por lo que a la mínima colaba algo de esta religión, como por ejemplo el culto los domingos, la aureola de los santos, que la diosa naciera el día 25 de diciembre de una Virgen o que uno se purificara ungiéndose con agua al entrar en el templo.
Total, que en la Roma de entonces se celebraba a finales de diciembre el solsticio de invierno, pues era cuando se terminaba la siembra y venía un tiempo de descanso. La fiesta, que recibía el nombre de saturnales, era la leche, venía el David Guetta del momento, se comía que era un no parar y los cuñados se explayaban hablando del último modelo de Ford Cuadriga que habían adquirido. Total que los romanos se tiraban unos días de bacanal hasta que el último día, el 25 de diciembre, se cerraba el chiringuito con la celebración al Sol Invictus.
Con lo que le gustaba a la peña la fiesta y lo que comentábamos que le molaba al emperador la fecha del nacimiento de la diosa Mitra, se decidió que caía mucho mejor que Jesucristo hubiera nacido el 25 de diciembre en vez que en la primavera como todos los datos indicaban.
Con esto, guardando el respeto que me merece el culto a cualquier religión, creencia o tradición, sólo quiero decir que no nos pensemos que nuestras tradiciones como la Navidad o la Semana Santa, son mucho mejores que las de otros como Santa Claus o Hallloween, al final todas son un gran amasijo de tradiciones, creencias y supersticiones pasadas, que se han ido amoldando en la historia al gusto de los que manejaban el cotarro.
Dicho lo dicho, os deseo a todos unas muy felices fiestas, celebrad lo que queráis, total, si son unas fechas de paz y amor, siempre cabremos todos.