UN PROSTÍBULO EN EL CENTRO DE MADRID.

Es bien sabido por la mayoría de los madrileños que la Calle y Plaza del Carmen debe su nombre al Convento del Carmen Calzado que se erigió en este lugar en 1573. Posteriormente ocupó este espacio el Frontón Madrid, para más tarde pasar a ser el Cine Madrid, el cuál al derruirse recientemente nos ha dado a la luz con los restos del antiguo convento. Pero hoy, la anécdota del día, va a retornarnos aún más en la historia. Y es que anteriormente a que se erigiera en este solar el citado convento, existía en él una casa mucho más frecuentada pero cuyo espíritu estaba más encaminado al desahogo del cuerpo que el del alma.
Efectivamente, en este solar se encontraba uno de los prostíbulos más conocidos de Madrid. Ya fuera por la calidad de sus trabajadoras o por encontrarse en un lugar céntrico y de fácil acceso, el caso es que según dice la leyenda, este prostíbulo tenía un reclamo en uno de sus balcones que se trataba de una muñeca que al paso de los viandantes se movía y les saludaba, en verdad no es que se tratara del primer autómata de nuestros tiempos, sino que un enano se encargaba escondido tras del maniquí de hacer que este se moviera en cuanto pasaba por delante algún posible cliente.
Un día, mientras paseaba por la calle pidiendo limosna un religioso, discípulo del célebre Bernardino Obregón, el enano lo confundió con un posible cliente haciendo que la muñeca comenzara a realizar sus movimientos de atracción. El hombre miró la cara de la muñeca y le sonó familiar su rostro, recordando que esta era nada más y nada menos, que una figura de la Virgen que se había robado en una ermita de Toledo.
El religioso, sin vacilación se metió en aquél antro de perversión y lujuria, más con la idea de salvar la estatua de aquellas pecaminosas manos, que la de las almas de la clientela. Los encargados del local, que no estaban por la labor de renunciar a tan maravilloso reclamo, invitaron al religioco a ir con el sermón a otra parte y éste tras levantar sus posaderas del santo suelo, se encaminó a denunciar lo ocurrido a la Santa Inquisición. 
Ésta, que en lo referente a prostíbulos, guardaba cierto resquemor y recelo, se personó en el prostíbulo espantando a la clientela, cerrando el local y condenando a la hoguera tanto a los dueños, como a las trabajadoras y al pobre enano que daba vida al muñeco.
La estatua fue convenientemente rescatada y desde entonces es conocida por todos como Nuestra señora de Madrid y a día de hoy descansa en su santo descanso, convirtiéndose en una de tantas vírgenes de controvertido pasado.

No me negaréis que no es una anécdota divertida como pocas.

Litografía de mujer de vida alegre

Nuestra Señora de Madrid

Texto alusivo a la anécdota del día

Restos el Monasterio encontrados recientemente bajo el cine Madrid.
(Fuente EL PAIS)