LAS UVAS DE FIN DE AÑO

De entre todas las tradiciones madrileñas, hay una que sin ningún tipo de dudas es la que más rápidamente se ha extendido por todos los rincones del país y parte de Sudamérica, esta es la tradición de despedir el año tomando doce uvas para dar la bienvenida al año nuevo al son de las doce campanadas con las que el reloj de la Puerta del Sol despide al año que nos deja.
Pero esta tradición, que para nosotros lleva prácticamente toda la vida, es mucho más moderna de lo que podríamos imaginar. Como ya comentamos cuando hablamos del reloj de la Puerta del Sol (pincha si quieres leerla), éste fue un regalo del relojero afincado en Londres Don José Rodríguez Conejero, que lo regaló a la ciudad de Madrid en 1866, para suplir al que se había instalado en el edificio de Gobernación, tras el derribo de la iglesia del Buen Suceso y el cual daba de todo menos la hora exacta.
Por aquél entonces, según la primera de las hipótesis que corre, en Francia existía la tradición de despedir el año viejo tomando champan, éste se solía acompañar de uvas para bajar los efectos del licor. Por lo que un grupo de madrileños decidió, como mofa de la costumbre francesa, tomar uvas en la Puerta del Sol. Al parecer alguno de los madrileños que acudieron aquella noche se le ocurrió aquello tan madrileño de retar al resto de sus acompañantes a ver cuál era capaz de tomar una uva con cada campanada, y por arte de magia, y bajo aquello tan castizo de “A que no hay huevos…” todos los que allí de encontraban comenzaron a realizar el intento, originando sin quererlo la tradición más extendida de todo nuestro país.
Pero esta primera hipótesis ha sido totalmente desmentida por las averiguaciones del blog Historias Matritenses, quienes nos han permitido conocer, que la tradición se originó debido a que el precio de las uvas comenzó a bajar tanto debido a la crecida de las cosechas, que estás llegaron a tener un precio prácticamente irrisorio. Incluso algunas publicaciones mantienen que algún recolector viendo el precio tan ridículo, llegó a regalar racimos de uvas entre los que habían acudido a celebrar el fin del año a la Puerta del Sol y que éstos tomaron aquellas primeras uvas al son de cada campanada originaron esta tradición.
Aunque en aquel Madrid de final de siglo existían dos vertientes muy pronunciadas: una que adoraba todo lo francés por resultar muy cortes y envuelto en cierto aire aristocrático y otra más popular, que constantemente se mofaba de toda costumbre que llegara del país galo, por estos mismo motivos, es innegable que la labor de investigación desarrollada por el citado blog, pone en duda lo que en muchos casos habíamos dado por correcto. 


Noche vieja de 1912 en la Puerta del Sol.
(Fuente ABC)