CALLE DEL LAZO.

Esta pequeña callecilla situada cerca de la plaza de Isabel II, entre las calles del Espejo (de la que ya hablamos en otro post) y la calle de la Unión, tiene bastante poco encanto para el paseante, debido a lo corta que es y a lo austero de su recorrido. Sin embargo, son dos las leyendas que nos traen el significado de su nombre y por ello vamos a repasarlas. No sabemos muy bien cuál es la correcta, pero bueno, como ocurre con muchas historias de Madrid, a veces es más divertido imaginar sus ficciones, que encontrar sus realidades. Vamos allá.
La primera de ellas, nos lleva hasta los tiempos de Alfonso X. Al parecer, en la calle del Espejo residía una joven que respondía al nombre de María Dolanda, la joven era cortejada por el Rey, que preso de su amor le regaló un lazo para que ella lo llevara en sus encuentros (no sabemos si es verdad, pero roñosillo el rey si que parece). Al poco tiempo el Rey detectó que María ya no sólo llevaba su lazo, sino que se mostraba poco dispuesta a sus galanteos. Preso de celos la mandó seguir, descubriendo que la chiquilla se veía con otro pretendiente que no sólo le había arrancado su corazón, sino que burlón, se permitía el lujo de llevar su lazo prendido en sus ropajes. Dado que los reyes de entonces no eran dados a perdonar tales desaires, el monarca se enfadó sobremanera, y aunque Dios nos libre de acusar al monarca de aquello, el caso es que el chaval apareció acuchillado a la salida de su casa sin más enfrentamientos conocidos. La chiquilla, con más miedo que vergüenza, salió escopetada de Madrid dejando el lazo prendido en esta calle de al lado de su casa, que desde entonces lleva tal nombre, y de ahí el nombre de la calle según esta primera leyenda.
La segunda, tiene como protagonista a un enorme lagarto que residía en el arroyo del Arenal y que al parecer, tenía atemorizados a los vecinos. Por lo que se cuenta, un intrépido vecino se decidió a dar captura al reptil y persiguiéndolo, por fin logró darle captura en esta calle, lanzandole un lazo a través del cuello para capturarle.
Personalmente, esta segunda leyenda parece un poco improbable, no tanto por lo increíble de que hubiera un lagarto de semejante tamaño en Madrid, sino por lo complicado que si esté fuera de tal tamaño, tuvieran que perseguirlo durante un recorrido tan grande para un reptil de semejante tamaño.
Y estas son las dos leyendas que se cuentan sobre el origen del nombre de esta calle, espero que sean o no ciertas, al menos os hayan permitido pasar un buen rato recordándolas. Nunca está mal conocer cuáles son las leyendas que encierran nuestras calles.