EL PRIMER DESNUDO.

Aunque a Madrid siempre le ha gustado acompañarse de un poso cultural importante, la verdad, para qué nos vamos a engañar, es que siempre nos ha gustado un desnudo más que a un tonto un palote.
Hoy, con vuestro permiso, vamos a ir de regreso, al primer desnudo que pudo presenciarse en Madrid sobre un escenario. Para ello, como es lógico tendremos que irnos un poco atrás en el tiempo, hasta los primeros años del siglo XX.
En aquellos tiempos de modernización constante, apareció en el Salón Japonés, uno de los salones más transgresores de la época, un espectáculo llamado “El Pachá bum bum y su harén” en el que un bailarín negro de origen Francés, salía a escena a mostrarnos las delicias de su completo harén. En un momento del espectáculo, el actor salía a escena portando una inmensa bandeja, sobre la que ante la mirada de todos los madrileños, el Pachá mostraba su última adquisición, una esclava que entre centelleantes efectos de luces, dejaba caer los velos que la tapaban, adivinando sobre el escenario, la obra más bella de la creación que ningún madrileño había podido ver hasta el momento, el cuerpo desnudo de Consuelo Vello.
Como podréis imaginar, rápidamente el espectáculo se convirtió en la sensación del momento y las colas para ver a la cupletista cantando desnuda sobre el escenario, eran la comidilla de todo Madrid, tanto para los críticos, como para los amantes, como para los que criticaban en público y disfrutaban en privado, que a ver si os habéis pensado que la hipocresía es cosa de hoy en día.
La bella Consuelo, o la Fornarina como empezó a llamársela, por su parecido con la bella amante del genial pintor Rafael Sanzio, no era sin embargo una mujer que se conformar con ser admirada por su cuerpo, sino que poseía unas dotes para el canto que la hacían ser la envidiada entre algunas de sus compañeras. Sabedora de que había sido la precursora de un nuevo género de actuación, aprovechó su momento para llegar a Paris, donde su carrera no sólo se volvió mucho más lucrativa que en los cafés de Madrid, sino que le permitió depurar aún más la elegancia y buen hacer con el que mezclar el erotismo de su cuerpo y la maestría de su interpretación.
Como podéis imaginar eran innumerables el número de sus seguidores y de los hombres capaces de hacer lo que fuera por sus desvelos. Pero la bella Consuelo, era mujer de un solo hombre y vivía terriblemente enamorada de Juan José Cadenas con quien se casó pese a que ambos vivieron una tortuosa historia de amor llena de infidelidades, separaciones, reencuentros y males de amor.
Su amado fue protagonista también de su éxito pues hacía las veces de  manager, representante e incluso llegó a escribir para ella uno de sus grandes éxitos “Clavelitos” (os dejo este enlace para que podáis escucharla), por el que en algún momento de sus innumerables rupturas, llegaron a pleitear por sus derechos de interpretación.
Finalmente la bella Consuelo falleció muy joven, el 17 de julio de 1915, cuando sólo tenía 31 años. Tal y como ella había expresado fue enterrada “en el cementerio más alegre de Madrid” el de San Isidro, donde desde entonces, no se sabe muy bien gracias a cuál de los múltiples hombres que quedaron muertos por su amor, cada año en el día de su fallecimiento, recibe una flor fresca en recuerdo de su belleza.
La bella Consuelo en el esplendor de su carrera.
El Pacha bum bum y su harén
Juan José Cadenas, Consuelo Vello y Quinito Valverde en 1911. 

Marguerita Luti La Fornarina (Cuadro que le valió su apodo a nuestra protagonista de hoy)