CABALGATA DE REYES

Supongo que ninguno de vosotros olvidará aquellas frías tardes del 5 de enero en las que, o bien de niños, o bien con vuestros peques, habéis pasado las de Caín, para poder ver la llegada de sus majestades los reyes de oriente. Y es que como ya comentamos cuando hablamos de Papa Noel, en Madrid somos de los reyes magos de toda la vida.
Pero lejos de entrar en debates sobre si los trajes de los reyes magos son los adecuados, sobre si una Drag Queen, Pocoyó o Bob Esponja pintan algo en una cabalgata o sobre el debate que cada año nos acompañe (que seguro que iremos añadiendo motivos de queja), vamos a hablar de las cabalgatas, que son una tradición cuyo origen realmente tiene poco que ver con una tradición cristiana. Aunque si tenemos en cuenta que los propios reyes magos ni si quiera son llamados por su nombre en ninguno de los evangelios oficiales, la verdad es que la tradición de los reyes magos conserva mucho más de fiesta infantil que de fiesta netamente religiosa desde ya sus inicios.
Como os decía los reyes magos como tales no se comenzaron a nombras hasta pasados más de 300 años del establecido como año cero, y realmente nadie comenzó a hacerles casi mención hasta más o menos el 1300 de nuestra era.
Pero volviendo a la tradición madrileña, que es la que a nosotros nos interesa, la primera celebración o festejo de la víspera de los reyes magos viene de 1844, cuando un grupo de vecinos decidió salir a la calle, y cargados con escaleras acercarse hasta una de las puertas de Madrid para subidos sobre las escaleras gritar ¡Ya vienen! ¡Ya se ven a los reyes magos!, unos dicen como gracieta y otros para mofarse de los extranjeros que no tenían ni idea de quién eran los reyes que venían esa noche.
Ya fuera por creerse la gracieta, por lo original de la broma, o por el que nos gusta una juerga más que a un tonto un palote, el caso, es que se comenzó a reproducir la escena año tras año, y por todas las puertas de la muralla de Madrid se generaban comparsas de hombres, mujeres y algún chiquillo que se unía al cachondeo, que con cacerolas y antorchas inundaban la fría noche madrileña de un mágico jolgorio en honor de sus majestades.
Se montaba tal follón, que en 1882 el Ayuntamiento, que en eso de la monetización ha sido siempre un aguililla, decidió poner una tasa de un duro a cada comparsa que decidiera salir a liarla.
Aquello fue un revés, pues qué queréis que os diga, nos gusta la juerga pero mucho más cuando no cuesta peaje, para que nos vamos a engañar, con lo que lo de las comparsas comenzó a flaquear y como nos pasa con Cortylandia cada año parecían más flojas.
Y con estas llegamos a 1928, cuando el Heraldo de Madrid, decidió que si se montaba algo organizado, podía conseguir que el Ayuntamiento perdiera el miedo a los jolgorios de antaño, y decidió organizar la primera cabalgata oficial de los Reyes Magos. Así que a las 11 de la mañana se inició un recorrido que partió desde el antiguo Circo Price hasta finalizar aproximadamente dos horas después en el asilo de San José, todo muy mañanero para que no diera pie a cachondeos, y allí se repartieron juguetes y regalos a los niños del asilo, que con la más preciosa de las sonrisas dieron vía libre para esta preciosa tradición tuviera de nuevo lugar hasta nuestros días.
Por ello, si los vestidos son más clásicos o menos, o si los reyes van a caballo o en tractor, o si sois de Melchor, Gaspar, Baltasar o Amazón tampoco le deis mayor importancia, total, se trata de que los niños disfruten la fiesta, no de ser tan purista. Total sin nuestros comentarios despectivos y nuestras constantes quejas, ellos siempre las disfrutan, les pongan lo que les pongan. 

Entrega de juguetes en el asilo de San Rafael (6 enero 1951. Campua)