PRUDENCIA GRILLO

Hoy vamos a recordar a esta mujer que si bien parte de su historia está enlucida en una leyenda poco demostrable, sí que es cierto que salvo ese leve suceso, su historia está ligada fuertemente a Madrid.
Prudencia nacía en Valladolid en 1548, fuera de una relación extramatrimonial entre su madre, María de Rojas natural de la provincia de Cuenca y un adinerado genovés, que respondía al nombre de Nicolás Grillo.
El padre la acogió en su casa cuando tenía seis años de edad, y esto le brindó a Prudencia la oportunidad de moverse dentro de un mundo de alta cuna que no había podido sospechar hasta ese entonces, puesto que los Grillo eran una de las familias más importantes de la República Genovesa. Allí se crió la niña hasta que a los catorce años su padre fallece, lo cual además de suponer una gran pena para la chiquilla, provoca que su situación patrimonial mejore de manera considerable.
Muerto su padre, y tras una complicada relación amorosa, decide que es el momento de retornar a España y ya aquí en Madrid se enamora perdidamente de Pagan Doria, otro influyente genovés, el cual está más preocupado por otros menesteres que por complacer a la buena de Prudencia.
Es entonces cuando parece ser que Prudencia comienza a manejar todo tipo de conjuros y artes negras, y donde la parte de su historia parece convertirse más en una leyenda. Como os decía, Prudencia pone en marcha toda una serie de rituales y sortilegios para que su amado no se vuelva a Génova, lo cual le lleva a tener que personarse como acusada de sacrílega delante de un tribunal de la Santa Inquisición, aunque al final la cosa queda en nada y Prudencia se libra de males mayores.
El caso es que parece ser que los sortilegios de Prudencia funcionan en cierto modo, pues consigue que Pagan no regrese a su Génova natal, pero por otra parte l jugada no le sale del todo bien, pues es llamado a acudir a filas para unirse a las tropas de Juan de Austria en la conquista de Túnez.
Aquello pone muy nerviosa a Prudencia, para lo que el bueno de Pagan Doria con la idea de tranquilizarla, le dice que no se preocupe que si no tienen noticias suyas será que todo está bien, pues si algo ocurriera antes de partir para el otro barrio, enviaría a su espíritu a que moviera las cortinas de su habitación y dejará muestra de que algo había ocurrido en el escritorio en el que ella guardara sus cartas.
Y como pasa con todas las leyendas, que ocurren, pues si no ni son leyendas, ni son nada, una buena noche Prudencia notó como las cortinas de su dormitorio se movían y sobresaltada al escuchar un fuerte sonido, contempló como el cajón del escritorio donde guardaba las cartas de su amado, se encontraba esparcido por el suelo.
Días después llegó a Madrid la noticia que ella ya sabía a ciencia cierta, y es que su amado Pagan había muerto decapitado por manos turcas durante la reconquista de la ciudad.
Tras la muerte de su amado, Prudencia se refugió en la fe de mano de fray Alonso de Orozco y se dedicó a menguar su fortuna ayudando a los necesitados y acogiendo en su casa de la calle del Príncipe a necesitados y mujeres de dudosos hábitos, que quisieran cambiar los designios de sus vidas; hasta que unos años después decidió montar allí mismo lo que sería el monasterio de Nuestra Señora de la Visitación, en el que se dice que junto al altar se encontraba una tumba vacía en honor de Pagan Doria y junto al que estuvo recluida de clausura hasta que en 1610 la esposa de Felipe III, Margarita de Austria, decide que todas las religiosas del citado monasterio, sean trasladadas al convento de Santa Isabel, pues comenzó a correrse por Madrid la "sospecha" que en el interior del monasterio, no se guardaban las debidas normas de recogimiento que mandaba la iglesia y que se acogía a clérigos desterrados de otras nacionalidades.
Y es aquí donde finalmente perdemos la pista del final de los días de Prudencia, que si bien como os decía en el inicio, su macabra leyenda es lo que más ha quedado en el recuerdo, su historia no es nada desdeñable y merecía, creo yo, que al menos le dedicáramos un rato de lectura.

Estado en el que se encontraba el altar mayor y la fachada del Convento de Santa Isabel la Real antes de ser saqueado durante la Guerra Civil.  (Fuente De Rebus Matritensis)