LA CABARRUS.

Normalmente los protagonistas de nuestra historia suelen ser hombres en su mayoría, pues nos guste o no, el poder de nuestro país, y por ende de nuestra ciudad, ha estado siempre en posesión masculina. Pero hoy la protagonista de nuestra historia es una mujer de armas tomar, una mujer que aprovechó todas sus oportunidades y su momento, para montar o al menos influir, en una de las revoluciones más grandes de la historia. Hoy vamos a pasear de la mano de Teresa Cabarrús.
La cabarrús, como se la conoce en su Carabanchel natal, nació un 31 de julio de 1773, fruto del amor de un francés y de una española. Vivió en Carabanchel de Arriba hasta los 12 años, momento en el que su padre decidió que en París podría recibir mejor formación, que la que estaba llevando por los conventos madrileños, por lo que allí que se llevó a que la niña para que se hiciera toda una mujercita.
Teresa, que además de lista era guapa a rabiar, ambas cosas que ya despuntaban desde antes de salir de Madrid, pronto empezó a tener visitas de pretendientes de las más influyentes esferas de la capital gala y tres años después, se casaba con Jacobo Devin el Marques de Fonteany, de quién se divorciaría poco después, provocando que Teresa saliera de Paris poniendo tierra de por medio.
Teresa se instaló en Burdeos en donde tenía familia por parte de padre, y allí conoció a Jean Lambert Tallien con quién inició su segunda relación.  
Teresa por aquel entonces pasó a ser conocida como Mademe Tallien adoptando el apellido de su amado y ayudando a éste en sus quehaceres como Comisionado de la Convención Nacional.
Ella a la vez que le tramitaba el trabajo administrativo, se encargaba de convencerle para que facilitara documentación y ayuda a los revolucionarios, que comenzaban a elevar la voz contra Robespierre, lo cual le comenzó a valer el sobrenombre de "La señora del Socorro" entre sus conciudadanos.
Esto llegó a los oídos de Robespierre quien mando llamar a su presencia al buen de Jean Lambert, para darle las debidas explicaciones de su laxa mano contra sus enemigos.
Teresa acompañó a su marido de incógnito y sin que este lo supiera, en su regreso a la capital gala, pero fue detenida y arrestada, lo cual hizo pensar a Teresa, dada la costumbre de entonces de ajusticiar primero y preguntar después, que sería el fin de sus días, por lo que escribió una carta a su marido, poco más que despidiéndose de él.
Su marido, en una parte enojado por la detención de su mujer, y en otra, asustado por el que esta fuera guillotinada, aprovechó el descontento que existía contra Robespierre para acusar a este, públicamente y a la cara, de ser el culpable de todos los males del País. El gobernante, que como todos, no era muy dado a aceptar las críticas con sosiego, montó en cólera contra él y todo esto, junto con otros incidentes relevantes que no tienen vinculación con Teresa, terminó desencadenando en el llamado “Golpe de Thermidor” que al final daría con Robespierre y todos sus seguidores bajo el acero de la guillotina, en aquella cosilla que se denominó La Revolución Francesa.
Los amantes consiguieron escapar de Paris y regresar a Burdeos donde se casaron y formaron familia, pero por desgracia, Teresa no parecía demasiado afortunada en cuanto a la vida en pareja y de nuevo se divorció de su marido. Dando con ello por terminada su faceta revolucionaria.
Por tercera y última vez, Teresa se casó con el Conde de Caraman junto al que vivió hasta el 15 de enero de 1835 en que la alcanzó la muerte en Chimay (Belgica) de donde su marido era príncipe.
Y hasta aquí nuestro recuerdo a la Cabarrús,  una mujer que forjó su futuro en todo momento y que lejos de amilanarse por los tiempos que había tocado vivir, se cogió el mundo por montera y participó en él.