UNA DE ESPÍAS.

Madrid, tras la segunda guerra mundial, dada la postura “neutral” que mantuvimos durante la misma, se convirtió en un lugar perfecto tanto como puerta de salida de los mandos Nazis hacia América, como de control por parte de las fuerzas aliadas de la correcta salida de dichos mandos hacia un exilio “consentido”.
Por ello no era de extrañar ver a altos mandos de ambas fuerzas pasearse por las calles de Madrid, codeándose con la jet set madrileña y abarrotando las habitaciones del Hotel Ritz.
En esta época (año 1931) una distinguida dama irlandesa llamada Margaret Kearney Taylor pensó que en Madrid no existía ninguna casa de Té a la altura de las que existían en Londres y en otras muchas capitales Europeas, por lo que con la ayuda de sus influyentes amigos, entre ellos el abuelo de los actuales dueños, decidió con mucho ojo abrir las puertas del Salón de Té Embassy, digo con muy buen ojo, pues lo situó en la Castellana nº 12 en un punto muy cercano tanto de la Embajada Alemana (Castellana nº 4), como de la inglesa (Fernando el Santo nº 16) y el Hotel Ritz (Plaza de la Lealtad nº 5).
Esta ubicación y lo selecto de su propuesta, convirtieron dicho salón en uno de los puntos de reunión donde se forjó el futuro de Europa y entre sus cuatro paredes se llevaron a cabo reuniones de espionaje, complots y vaya usted a saber, que otras muchas cosas de las que no nos habremos enterado.
Hoy en día el salón sigue abierto al público como pastelería, restaurante y cafetería, y es un punto de asistencia más que digno para todo aquél que bajo un delicioso café quiera dejar volar su imaginación sintiéndose un espía de los de antaño.

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Foto del archivo de la web del propio Salón.